Wednesday, August 24, 2011

Enemigo de un botón

Me gustan las experiencias inspiradoras. Hoy padecí uno de esos momentos sublimes en los que la vida pasa frente a tus ojos y seguido de eso hay una luz blanca a final del túnel: fui al dentista.

Por supuesto que la luz al final del túnel era la lámpara halógena de un dentista desconocido (historia a parte, ahora los odontólogos tienen la costumbre de derivarte por deporte; sospecho que se traen algo entre manos), y lo que pasó ante mis ojos no fue mi vida sino una lluvia de diente molido que es casi lo mismo.

El escenario fue cuasi kafkiano: médico escuchando música clásica (Strauss interpretado por la orquesta sinfónica de Japón) con instrumentos quirúrgicos a la derecha y a la izquierda. Techo construído con paneles de durlok texturado y cuatro paredes tapizadas con un desfile militar de diplomas; una bomba (¿de agua?) que se activaba cada diez minutos y una orden a su asistente que me habría inquietado si no hubiese sido un sueño: - Por favor, cierre las persianas.

Momento, no fue un sueño.

Mi intención no es contar cómo funciona un tratamiento de conducto porque la mayoría lo debe saber mejor que yo. Lo que me resultó particularmente curioso es el contraste entre esa sofisticación sospechosamente macabra con lo precario que sigue siendo ir al dentista. Abrir la boca y permitir que te metan cuchillos, tornos, cementos, y otros tantos elementos que prefiero no conocer. Y ni hablar una extracción de muela que sigue siendo a lo bárbaro, con una pinza.

God save the anestesia.

¿A nadie se le ocurrió otras formas de tratar los dientes?. Se desarrollan nuevas tecnologías "de avanzada" dentro de un paradigma que visto y comparado con el avance del mundo que conocemos parece obsoleto.

Odontólogos, no me odien. No estoy criticando una profesión increíble que, dicho sea de paso, alivia uno de los peores dolores que existen. No sé lo que haríamos sin ellos.

O sí, odienme, qué más da. Cuando era chico me ataba un diente a la puerta y era más efectivo que todo el despliegue de producción que tienen que hacer para sacarme un diente. ¿Tanto diploma para taladrar un pedazo de hueso?; ¡odienme, infligidores de dolor!

En fin, ¿dónde está esa panacea universal que elimina las caries penetrando entre los dientes?, ¿dónde está esa dentadura quirúrgica descartable que se coloca de noche y a la mañana siguiente te da el diente extraído con tu nombre grabado?; o incluso las bacterias o vacunas contra las caries. Por supuesto: no existen; y peor que eso, la obviedad para algunas personas de que no puede existir otra cosa me hace entender por qué funcionó la santa inquisición.

Debo admitir que a pesar de lo prehistórico del asunto, de su barba y pelo blancos y la contextura simil-godo, y a pesar de que me sentí como en un consultorio de experimentación soviético, el doctor tenía buen gusto.

Y yendo al foco del post, existen otros objetos bastante precarios que usamos en la vida cotidiana y no nos detenemos a preguntarnos: ¿por qué no se inventó otra cosa?. Una lista rápida de objetos que se me ocurren ahora: botones, paraguas, papel higiénico, casi todos los utensilios de cocina, y claramente los dentistas. Está bien, son cosas increíblemente prácticas para el fin que se crearon, pero funcionan en condiciones muy acotadas, en la primera de cambio no sólo dejan de ser útiles sino que fabrican momentos más que incómodos. Sino pensemos en lo siguiente:


  • Botones que se descosen durante el día.
  • Botones que se pierden y no se encuentra el mismo modelo o el mismo color de hilo.
  • Paraguas un día de mucho viento.
  • Paraguas un día de mucha lluvia.
  • La última cuchara que se pierde el día que cocinamos sopa.
  • Cualquier tenedor con spaghetti.


Menos mal que existen personas que entienden este punto y aplican su inteligencia para innovar. Como con este tenedor para fideos:

Pero de vuelta, es el mismo concepto, mismo paradigma, un poco mejorado.

Tengo que empezar a patentar ideas para reemplazar objetos comunes. Dentro de cien años mis tatara-nietos van a ser ricos. No, no creo, pero al menos van a disfrutar del confort de los objetos hechos a la medida del humano contemporáneo.

¡Salud!.-

Sunday, March 13, 2011

Día de la independencia

La humanidad cambia. Se rompen costumbres, nacen tendencias, extinguimos especies depredadoras esenciales para los ecosistemas y... sí, los volvemos a la vida para que paseen por el barrio.

Tal vez es simplemente una sensación mía pero en los últimos quince años el ritmo de vida se aceleró muchísimo (¿cosas de la edad, tal vez?). En fin, la realidad es que hace diez años recuerdo que nos tomábamos el tiempo para cocinar y comer en la mesa, incluyendo una sobremesa de media hora, y ahora no se me ocurre que eso pueda pasar.

Somos una generación "independiente", los contratos sociales como el compromiso laboral y el matrimonio dejaron de ser tan importantes. La famosa generación Y que todo lo critica y todo lo retuerce  al ritmo de She's a Sensation y Somebody Told Me (ejem, esto ya lo hizo Galileo y Descartes en el siglo XVII, respectivamente).

Y bueno, nada, eso. Es un poco triste a veces. Me da la sensación que interpretamos la indepedencia y autonomía como el derecho innato de ser individualistas. A veces es triste. El vecino es el vecino y nosotros somos nosotros, y llevémoslo al extremo porque somos libres, autónomos y autosuficientes así que nuestra única tarea en esta vida es conseguir todo lo que nos propongamos... para nosotros, claro.

Acá estoy tomando sol en una playa (Estacionamiento del Jumbo Caballito)

Incluso formamos parte en grupos, creamos amistades, empezamos noviazgos y no podemos dejar de ser el epicentro de todas las catástrofes del universo. Termina siendo... aburrido. Sí, la palabra que encaja en un montón de problemas de la vida cotidiana es aburrimiento.

La era digital y la era de la información están buenísimas, pero es aburrido. Ah, ¿que compartimos el aburrimiento?. ¡Tampoco!, es todo nuestro y lo queremos solamente para nosotros así que vamos y venimos según nos conviene, y nos acercamos y alejamos de las personas según nos conviene. ¿Que esto pasó siempre y va a seguir pasando?; ¡sí!, pero antes las personas eran más malas. Había una tendencia a moverse con ciertos intereses. Ahora simplemente es... aburrido.

Cito una frase que no puede ser más actual:


"Este mundo no se morirá de una explosión atómica como dicen los diarios, se morirá de risa, de banalidad, haciendo un chiste de todo, y además un chiste malo"  
"("Es que la gente es mala...") Mala no; imbécil, que no es lo mismo. El mal presupone una determinación moral, intención y cierto pensamiento. El imbécil o cafre no se para a pensar ni a razonar. Actúa por instinto, como bestia del establo, convencido de que hace el bien, de que siempre tiene la razón y orgulloso de ir jodiendo, con perdón, a todo aquel que se le antoja diferente a él mismo, bien sea por el color, por creencia, por idioma, por nacionalidad, o por sus hábitos de ocio. Lo que hace falta en el mundo es más gente mala de verdad y menos cazurros limítrofes."

Disculpen si se me escaparon algunas falacias, son solamente pensamientos.-

Wednesday, December 8, 2010

El mudo: balbuceando

No hablé hasta ahora porque no tenía nada interesante para decir. Permitanme explicarles, por favor.

Todo comenzó cuando tenía un año y medio. Mis padres, siempre muy alegres y amorosos (por supuesto, esta historia me la contaron ellos así que hay ciertos puntos dudosos), solían acercarse a mi cada vez que yo estaba a punto de decir mi primer palabra. Entonces los observaba a ellos, balbuceaba y babeaba como buen bebé, y simplemente me quedaba mirándolos. Ellos dicen que mi mirada era profunda como el océano, aunque todavía no entiendo lo que significa.

Este escenario se repitió hasta los dos años y medio, momento en que mis padres decidieron llevarme a una fonoaudióloga. Después de varias series de estudios los médicos estaban desconcertados. No existía trastorno cognitivo alguno, simplemente cuando alguien se acercaba a hablarme, yo me quedaba mirando. Tengo algunas imágenes aisladas en la memoria también de dudosa veracidad, pero cada tanto aparece a quien mis padres llaman la doctora Alonso, una señora simpática que siempre me mostraba una cuchara y una hoja de papel. Recuerdo que hablaba mucho y su voz era divertida, como la de mi abuela, así que me dedicaba casi todo el tiempo a escucharla. También me debía resultar bastante divertido lo del papel, porque el resto del tiempo que estaba con la doctora Alonso lo pasaba garabateando en papeles.

Por favor, señores, un poco de paciencia les pido. Ahora sé lo que quiero decir, y estoy confiando en ustedes para contarlo. Lo sé... ustedes dijeron muchas palabras y oyeron otras miles, ¡pero yo no sabía que decir!, dejenme usarlas; es mi momento, señoras, ¡lo guardé todo este tiempo para usarlo!

Así que bueno, a los tres años ya podía dibujar todos los objetos que utilizaba cotidianamente. Mis padres también notaron que me empeñaba más en dibujar con música en el ambiente y así fue como comenzaron a sonar toda clase de bandas y orquestas. Como ya no me pidieron que hablara y todo el día podía hacer cosas divertidas simplemente no hablé.

Ese año lo recuerdo, entre otras cosas, porque me compraron una flauta dulce. Como había hecho mil dibujos escuchando mil canciones y ya las recordaba, a veces en lugar de dibujar acompañaba la canción con la flauta dulce. No piensen que sabía tocar la flauta dulce, ¡solamente me conocía todas las canciones!: no tengo la culpa si mis padres colocaban el mismo repertorio de mil canciones una y otra vez.

Unos meses después me regalaron a Coco, mi primer perro. Nunca había visto un perro así: tenía las orejas anchas y largas y era todo marrón, con un pelaje corto y suave. Sus ojos eran como dos pelotas de ping-pong y constantemente estaba saltando y babeando. Él no podía decir palabras, pero me respondía con distintos sonidos, como mi flauta. Fue todo un descubrimiento notar lo diferente que éramos él y yo, así que desde entonces comencé una etapa en la cual me retrataba a mi mismo en diferentes posiciones y con distinta vestimenta y objetos, mirando el espejo; ¡hasta tengo un retrato con la flauta!.

Coco en sus ratos de meditación

Parece que a los doctores esto les resultó particularmente curioso (sobre todo los retratos donde me reemplazaba a mi por Coco tocando la flauta o usando un cepillo de dientes), así que dos veces a la semana tenía que ir a hacer mis cosas a sus casas. Al principio me asusté y no quise ir, creyendo que iban a sacarme las pinturas y que me iba a aburrir, sin embargo después de unos cuantos berrinches me llevaron a la fuerza y no fue tan malo. Los doctores solamente querían que me dibujara en un espejo sosteniendo distintos objetos que me daban o que nombraban. Creo que les gustaban mis dibujos porque cada vez que terminaba uno sonreian. Curiosamente, ellos no me pedían que hablase y como siempre me decían que dibujara cosas, yo me entretenía en el espejo.

Ay, esto de hablar es extraño. Siento vibraciones en todo el estómago, como si tuviera una flauta dulce tocando una nota por letra. ¿Cómo puede ser que ustedes, habladores profesionales, se cansen de sentir la flauta dulce en el estómago?. ¡Ay!, me pone contento simplemente saber que ustedes también experimentan este divertido cosquilleo.

Necesito que me expliquen cosas, doctores y doctoras. ¡Hay mil incógnitas que me atormentaron y no me dejaron hablar!. Los vi hablar de cien formas distintas y aún no entiendo qué significan ni diez de ellas. Por ejemplo, vi a mis padres hablar frunciendo el seño y abriendo la boca como un cocodrilo hambriento; he visto a mis doctores hablando con los labios casi sellados y reclinándose levemente hacia adelante para que las palabras lleguen más lejos. ¡Hasta a mi abuela!, esa señora escueta que casi todo lo dice aspirando los labios con fuerza hacia adentro, como si se le trabaran algunas palabras.

Tengo muchas cosas para contarles pero dejenme respirar, por favor. Voy a contarles lo que pasa cuando las palabras hacen regalos. ¡Vi a tantos de ustedes hacer y recibir regalos sin agradecer!. Todavía no entiendo bien eso de agradecer... por lo pronto eso: voy a contarles qué sucede cuando las palabras hacen regalos.

Dejenme tomar un gran y profundo respiro.-

Saturday, December 4, 2010

Del amor al prójimo

PRECAUCIÓN: este es un post del tipo TL:DR, si no te interesa el tema en los primeros tres párrafos te recomiendo que dejes de leer para después no odiarme por hacerte perder quince minutos de tu vida.

Algo que está a la orden del día es el tema del respeto. Todos caemos en lugares comunes como "es un irrespetuoso", "esto es una falta de respeto", y todas esas quejas que acompañamos con gritos como: "¡abrime la puerta hijo de puta!", refiriéndonos a un profesional del transporte automotor.

Por otro lado están los profetas del respeto y el amor al prójimo. A menudo son personas con buenas intenciones que reman en dulce de leche tratando de comunicar un mensaje que, eventualmente, tampoco pueden sostener (vamos, ¡a todos se nos safa la cadena y cada tanto nos acordamos de la vieja de alguien!).

Esto me hace cuestionarme si existirá un punto intermedio entre ambas cosas o no, o si esto es un error de fábrica y no hay con qué revertirlo. Confieso que al principio acepté que es un defecto de fabricación y seguí acordandome de todas sus madres (sí, en algún momento me enojé con tu vieja). Pero mi trabajo es diseñar y desarrollar sistemas y algo, honestamente, no me cerraba en este asunto de las madres.

Este gatito está pensando en tu vieja

Entonces me encontré un problema: sentía alivio enojándome con sus viejas en ciertos momentos, pero si alguien se metía con la mía saltaba de ira. No hay que ser genial para darse cuenta que esto definitivamente no es un negocio. Y paso a explicar por qué.

Si tengo que trabajar 16 horas por día para ganar 30 mil pesos al mes, pero el costo mensual de trabajar esas 16 horas por día es de 30 mil pesos, al final del mes no sólo que voy a tener nada sino que voy a llegar -con mucha suerte- casi muerto.

Como en un negocio, en este caso no importa el volumen sino la relación costo/beneficio. Si tengo que invertir tanta energía en pasar de un estado de ánimo al otro aleatoriamente, más la energía que implica convivir con la incertidumbre de cuándo va a ser esa explosión, probablemente no sólo voy a llegar a fin de mes sin recuperar la inversión sino que posiblemente haya pérdidas.

¿Qué se puede hacer entonces?. Amar al prójimo como lo predican varios profetas, no creo que sea el camino. Según La Biblia el amar el prójimo está sintetizado en la siguiente cita:


Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
Mateo 22:37-40

Jesús fue un gran hombre, pero nos sobreestimaba mucho, o alguien sacó la parte importante de su mensaje. "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" es un gran concepto (aunque un poco ambicioso), pero a mi criterio Jesús se olvidó de indicar algo no menor: primero ámate a ti mismo, luego ama a tu prójimo como a ti mismo. Por supuesto que para alguien como Jesús, con una profundidad espiritual -a mi criterio- de genio, el "ámate a ti mismo" era algo implícito, pero para los simples mortales como nosotros eso puede resultar un camino inalcanzable.

Por otro lado me gustaría citar a un autor que trató este tema desde una perspectiva totalmente opuesta: Nietzsche. En Así habló Zaratustra hay un capítulo llamado Del amor al prójimo que dice lo siguiente:


Vosotros os apretujáis alrededor del prójimo y tenéis hermosas palabras para expresar ese vuestro apretujaros. Pero yo os digo: vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos. Huís hacia el prójimo huyendo de vosotros mismos, y quisierais hacer de eso una virtud: pero yo penetro vuestro «desinterés». El tu es más antiguo que el yo; el tu ha sido santificado, pero el yo, todavía no: por eso corre el hombre hacia el prójimo.
Nietzsche - Así habló Zaratustra

De esta manera Nietzsche (un gran humanista) critica la concepción cristiana del amor al prójimo por la misma razón que mencioné más arriba: nadie nos dijo a los simples mortales que tenemos que amarnos a nosotros mismos. ¿Y qué pasó?, pasó que durante dos mil años de historia fuimos bombardeados con el tu, y paulatinamente fuimos alejándonos más y más del yo, porque en teoría el yo es malo, es egoísta, busca el momento ideal para escupirle en la cara al tu. Sí señores, el yo es un bicho complicado, entonces simplemente ¡olvidémonos de él!.

No, en realidad no creo que sea como lo puse en el párrafo anterior; me dejé llevar. Pienso que las personas toman malas decisiones por las circunstancias, o porque simplemente no se dieron cuenta que era una mala decisión (mi optimismo a veces da asco, lo sé).

Ahora quiero hacerles una pregunta a ustedes: sinceramente, ¿se dieron cuenta que saqué de contexto la cita de Nietzsche?. ¿Sospecharon que detrás había algo más que puro pensamiento pesimista?. Si al menos lo pensaron o les ganó la curiosidad y leyeron todo el capítulo, habrán notado que Nietzsche termina de darle una vuelta más humana al pensamiento de Jesús. Va un poco más allá (una apuesta incluso más ambiciosa que la de Jesús) y nos dice:

Yo quisiera que no soportaseis a ninguna especie de prójimo ni a sus vecinos; así tendríais que crear, sacándolo de vosotros mismos, vuestro amigo y su corazón exuberante. [...]
Yo no os enseño el prójimo, sino el amigo. Sea el amigo para vosotros la fiesta de la tierra y un presenti­miento del superhombre. Yo os enseño el amigo y su corazón rebosante. Pero hay que saber ser una esponja si se quiere ser amado por corazones rebosantes.

Con todo su vocabulario complicado y enigmático Nietzsche no quiso decir ni más ni menos que hay que amarse a uno mismo, encontrar un amigo en uno mismo, y después amar a los amigos. Distingue amigos de prójimo porque juega con la idea de que "amigos" son todas aquellas personas que son "amigas de sí", en cambio prójimo representa al resto de la humanidad con todos sus cosquilleos.

Mi mensaje es: miremonos, aprendamos de nosotros. Qué nos gusta, qué no, qué nos hace enojar y qué sonreir; qué deseamos de las personas y qué no podríamos tolerar; cómo son los amigos que queremos y por qué. Aprender de nosotros, amigarnos con el yo, nos va a ayudar comunicarle a otras personas qué queremos y qué no con respeto; cuándo nos sentimos maltratados con respeto, independientemente de la situación.

Si llegaste leyendo hasta acá y logré transmitir la información de manera clara, la siguiente canción debería parecerte muy optimista: Scorpions - Humanity. Sino, evidentemente tengo que mejorar a más velocidad mi comunicación =]

Friday, November 26, 2010

Simplicidad

Inteligencia es cuando el humo de una taza de café por la mañana, el vuelo de una mariposa o el crecimiento de una planta nos roba una lágrima y logramos comprender por qué. Todo lo demás son palabras bonitas.

Somewhere in Córdoba
Somewhere in Mendoza
Somewhere at Home


Alguien dijo alguna vez que no se puede llegar muy lejos caminando en línea recta. Pienso que se trata de eso: surfear por la vida hacia una dirección.

Hay algo más importante que la voluntad, que a veces falla: la convicción. La convicción, aún más fuerte que la fe, es la fuerza de gravedad interna que nos mantiene parados sobre el suelo.

Demasiadas palabras para este post.-

Monday, November 22, 2010

Comunicación zombie

Como no podía ser de otra manera y justo a tiempo, la comunicación también se sube al tren zombie que anda recorriendo los rincones del planeta preparandonos para el próximo apocalipsis.

Generalmente no le damos importancia a la calidad de la comunicación. De hecho, creo que el asunto es un poco peor. Restarle importancia implicaría un esfuerzo por ignorarlo, por hacer desaparecer el deseo de comunicarnos decentemente. Si le quitáramos importancia de alguna manera seguiríamos pensando en la comunicación y nos convertiríamos en seres inteligentes y diabólicos, ¿verdad?.

Ok, es bastante más grave de lo que pensaba, aún no somos seres diabólicos. Generalmente no revisamos nuestra comunicación porque creemos que lo estamos haciendo bien. Compartimos el mismo idioma, así que el código no está en tela de juicio. Podemos hablar y oir, así que tampoco existen inconvenientes físicos para transmitir mensajes. Simplemente podemos pensar o sentir mensajes y... ¡momento, momento!, tomemonos un minuto y repasemos el proceso básico de comunicación:

1. Elaborar la información y crear el mensaje
2. Codificarlo con el idioma
3. Transmitirlo mediante el sonido
4. Recepción del emisor
5. Decodificación del mensaje por el emisor

¿En cuáles de los cinco pasos intervenimos nosotros?, ¿para cuáles casos necesitamos realizar un esfuerzo?.

Si eligió 2 o 3, es correcto si usted es un robot o un telégrafo. Para todos los demás... es necesario invertir cierto esfuerzo para elaborar la información y decodificar un mensaje. ¿Es obligatorio el esfuerzo?, claro que no. Nuestra mente es una máquina de procesar información así que de alguna manera reconocerá el mensaje y lo decodificará. Esto es a lo que le llamo comunicación zombie. ¿Cuál es el problema entonces?

EL PROBLEMA

A menudo nos cuesta hablar con claridad. A veces por ignorancia, a veces por falta de información, a veces simplemente por no conocer el estado real de nuestro interlocutor. Hay muchos factores que pueden introducir ruido en el proceso de comunicación y esto pasa casi constantemente.

La solución es ni más ni menos que invertir esfuerzo en decodificar los mensajes que llegan, y no sólo las palabras que son meros elementos de transporte, sino el contexto del mensaje. El contexto está conformado por varios elementos, algunos de ellos son la situación, el medio y el escenario; la situación personal tanto del emisor como del receptor; la complejidad del tópico. Esta interpretación del contexto ya deja de ser meramente racional, es necesario evaluarlo utilizando todas las herramientas que estén a nuestro alcance: pensamiento, sentidos, memoria, emociones, fantasías, deseos, una cuerda (nunca está demás una cuerda).

Por otro lado, si también dedicamos esfuerzo para elaborar los mensajes transportando tanto la información como el contexto con la mayor precisión posible, nuestros receptores serán capaces de comprendernos haciendo menos esfuerzo. La ecuación cierra perfecto: el esfuerzo será menor en el tiempo a medida que mejore la calidad de la información.

La información de calidad está al alcance de una decisión. Para aquellos que deseen dedicarse seriamente a la comunicación zombie (¡a menudo lo hago cuando gana el cansancio!), les dejo el primer tomo de un manual práctico para no equivocarse en esta importante empresa. Son capítulos de tres páginas para no cansar al lector que abarcan la comunicación zombie oral y escrita. Pasando el capítulo 42 usted será capaz de ejecutar la comunicación zombie en estado de ebriedad o Roger Waters.



Si bien todo esto que estoy planteando parece básico (no parece, ¡lo es!), a veces nos perdemos en lo común de comunicarnos y cuesta percibir la calidad de la información. No hay que investigar demasiado para descubrir que somos bichos limitados en cuanto a la cantidad de información que podemos evaluar (en otra ocasión hablaremos de la organización y el valor de la información), pero al contrario de esto, los mecanismos de procesamiento son muy poderosos y pocas veces los exprimimos lo suficiente.


"Todos los días deberíamos oír un poco de música,
leer una buena poesía,
contemplar un cuadro hermoso
y si es posible, decir algunas palabras sensatas."



Mientras pienso cómo fabricar una máquina para exprimir cerebros, los invito a meditar sobre este cambio en la comunicación oral y escrita volando en una naranja.