Monday, November 22, 2010

Comunicación zombie

Como no podía ser de otra manera y justo a tiempo, la comunicación también se sube al tren zombie que anda recorriendo los rincones del planeta preparandonos para el próximo apocalipsis.

Generalmente no le damos importancia a la calidad de la comunicación. De hecho, creo que el asunto es un poco peor. Restarle importancia implicaría un esfuerzo por ignorarlo, por hacer desaparecer el deseo de comunicarnos decentemente. Si le quitáramos importancia de alguna manera seguiríamos pensando en la comunicación y nos convertiríamos en seres inteligentes y diabólicos, ¿verdad?.

Ok, es bastante más grave de lo que pensaba, aún no somos seres diabólicos. Generalmente no revisamos nuestra comunicación porque creemos que lo estamos haciendo bien. Compartimos el mismo idioma, así que el código no está en tela de juicio. Podemos hablar y oir, así que tampoco existen inconvenientes físicos para transmitir mensajes. Simplemente podemos pensar o sentir mensajes y... ¡momento, momento!, tomemonos un minuto y repasemos el proceso básico de comunicación:

1. Elaborar la información y crear el mensaje
2. Codificarlo con el idioma
3. Transmitirlo mediante el sonido
4. Recepción del emisor
5. Decodificación del mensaje por el emisor

¿En cuáles de los cinco pasos intervenimos nosotros?, ¿para cuáles casos necesitamos realizar un esfuerzo?.

Si eligió 2 o 3, es correcto si usted es un robot o un telégrafo. Para todos los demás... es necesario invertir cierto esfuerzo para elaborar la información y decodificar un mensaje. ¿Es obligatorio el esfuerzo?, claro que no. Nuestra mente es una máquina de procesar información así que de alguna manera reconocerá el mensaje y lo decodificará. Esto es a lo que le llamo comunicación zombie. ¿Cuál es el problema entonces?

EL PROBLEMA

A menudo nos cuesta hablar con claridad. A veces por ignorancia, a veces por falta de información, a veces simplemente por no conocer el estado real de nuestro interlocutor. Hay muchos factores que pueden introducir ruido en el proceso de comunicación y esto pasa casi constantemente.

La solución es ni más ni menos que invertir esfuerzo en decodificar los mensajes que llegan, y no sólo las palabras que son meros elementos de transporte, sino el contexto del mensaje. El contexto está conformado por varios elementos, algunos de ellos son la situación, el medio y el escenario; la situación personal tanto del emisor como del receptor; la complejidad del tópico. Esta interpretación del contexto ya deja de ser meramente racional, es necesario evaluarlo utilizando todas las herramientas que estén a nuestro alcance: pensamiento, sentidos, memoria, emociones, fantasías, deseos, una cuerda (nunca está demás una cuerda).

Por otro lado, si también dedicamos esfuerzo para elaborar los mensajes transportando tanto la información como el contexto con la mayor precisión posible, nuestros receptores serán capaces de comprendernos haciendo menos esfuerzo. La ecuación cierra perfecto: el esfuerzo será menor en el tiempo a medida que mejore la calidad de la información.

La información de calidad está al alcance de una decisión. Para aquellos que deseen dedicarse seriamente a la comunicación zombie (¡a menudo lo hago cuando gana el cansancio!), les dejo el primer tomo de un manual práctico para no equivocarse en esta importante empresa. Son capítulos de tres páginas para no cansar al lector que abarcan la comunicación zombie oral y escrita. Pasando el capítulo 42 usted será capaz de ejecutar la comunicación zombie en estado de ebriedad o Roger Waters.



Si bien todo esto que estoy planteando parece básico (no parece, ¡lo es!), a veces nos perdemos en lo común de comunicarnos y cuesta percibir la calidad de la información. No hay que investigar demasiado para descubrir que somos bichos limitados en cuanto a la cantidad de información que podemos evaluar (en otra ocasión hablaremos de la organización y el valor de la información), pero al contrario de esto, los mecanismos de procesamiento son muy poderosos y pocas veces los exprimimos lo suficiente.


"Todos los días deberíamos oír un poco de música,
leer una buena poesía,
contemplar un cuadro hermoso
y si es posible, decir algunas palabras sensatas."



Mientras pienso cómo fabricar una máquina para exprimir cerebros, los invito a meditar sobre este cambio en la comunicación oral y escrita volando en una naranja.

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